Dia si y día también la DGT nos alerta de las consecuencias del exceso de velocidad, normalmente en forma de muertos en el asfalto, aunque recientemente se han incluido la cárcel y el hospital. También nos muestra su poderío sancionador, helicópteros, drones y radares a diestro y siniestro sin importarle tan siquiera si los radares son reales o falsos. Al mismo tiempo nos dice que los agentes de trafico están para ayudarnos en la carretera; pero nos enteramos, por las quejas de sus sindicatos, de la presión que esta ejerce sobre sus salarios si no cumplen con las cuotas asignadas de sanciones, tienen el valor de llamarlo productividad. Y en ese entorno sale el automovilista a desplazarse a sus quehaceres cotidianos o disfrutar de un, a buen seguro, merecido descanso, con la percepción de que sé está al acecho de cualquier infracción, que la señalización no es para su seguridad ni para orientarle, pues puede que sea falsa; y que el señor de verde que se aposta con su esplendida BMW en el arcén tenga otro interés que no sea cumplir con su “productividad”

En todo lo expuesto lo que queda claro es que la generación de confianza entre la DGT y conductor no es la prioridad, la amenaza constante frente a la escasísima educación vial y mínima asistencia al conductor solo consiguen que se perciba a la DGT como un ente recaudador sin mas ánimo que el meternos la mano en el bolsillo, sin que ni tan siquiera este dinero revierta en la mejora de las infraestructuras o en la propia seguridad.  Es terrible socavar la confianza que el ciudadano tiene en la Guardia Civil u otros cuerpos dedicados a la seguridad transmitiendo la percepción de que su única la labor es la sancionadora, cuando la realidad es muy diferente, la abnegación y el servicio al ciudadano, es sobresaliente en estos cuerpos y saben perfectamente cuales son las verdaderas causas de la siniestralidad en nuestras vías.

Si de verdad la DGT se empleara a fondo en la reducción de la siniestralidad debería hacer caso a sus propias informaciones.

Recientemente publicó un Twitt en el que nos informaba que los países ricos, es decir con buenas infraestructura y parques automovilísticos modernos, acaparaban un 40% de los vehículos en circulación con tan solo el 7% de las muertes totales.

Pues la deducción es bien simple, la mejora de la red viaria, la reducción de los puntos negros y modernización del parque automovilístico debería ser la prioridad para la reducción de la siniestrabilidad. Desde la crisis del 2008 el parque está envejecido y las infraestructuras cayéndose a pedazos. No se incentiva la utilización de las modernas vías que han sido rescatadas por el gobierno por su falta de viabilidad como consecuencia de la falta de circulación, motivado entre otros factores por elevadísimos peajes y la falta de otro tipo de incentivos de uso. Uno de los ejemplos mas flagrantes es la AP36, prácticamente una autopista fantasma, mientras que la A3 está saturada y con un tramo de vía muy peligroso entre Tarancón y Madrid, y como este hay muchos otros ejemplos.

Pese a su Twitt, que evidencia la realidad, se centra en el control de la velocidad, demonizando el exceso, cuando la realidad es que si hay peligrosidad en la velocidad no es tanto en su exceso sobre los límites actuales como en que no sea la adecuada a la vía y sus circunstancias puntuales, como pueda ser la climatología. La DGT riega las carreteras con cientos de radares con el propósito de que no se excedan los límites que se han marcado y no duda en reconocer que muchos de estos son falsos, que son meramente una disuasión. ¿Disuasión o coerción? La policía uniformada ejerce una función de disuasión frente al delito, la policía de paisano aunque sea mas eficaz en la detención del delincuente no reduce el delito, entonces ¿que sucedería cuando supiéramos que los policías uniformados pudieran no serlo?  Es evidente que perderíamos la confianza en el cuerpo de policía y que el rigor y la voluntad se retuercen en favor de una mal entendida política de seguridad, no quiero pensar qué repercusión tendría acudir a unos de estos policías uniformados fake en una situación de emergencia y que éste nos contestara que no puede hacer nada porque es solo un mero figurante. Desde luego el prestigio de la institución se vería comprometido y nuestra confianza en él muy mermada. Vuelta al principio de mis palabras, si no se trabaja en la generación de confianza entre el conductor y la DGT, volverá a correr el riesgo de ser vista como un mero elemento recaudador.

Pero lo mas preocupante de estas acciones de los responsables de la DGT no es que el conductor no confie en ella, lo peor es el descrédito al que se avoca a una institución pública al servicio del ciudadano y aun peor, se arrastra con ella a cuerpos como la Guardia Civil, se atemoriza al conductor y como colofón, no se ataja el origen del problema, la siniestralidad.

La clave para que el ciudadano en general y el conductor en particular se involucre en la seguridad vial, esta en la generación de confianza en el organismo que vela por su seguridad y que sea capaz de transmitir que ese es su fin principal.

Agradecemos a Mario Arnaldo, presidente de Automovilistas Europeos  Asociados (AEA) sus palabras, siempre esclarecedoras y el trato que nos dispenso en la pequeña charla que sobre este tema mantuvimos.

 

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