Mucho antes de que los señores del marketing se inventaran palabros como SUV, Cross Over, Urban Cross Over y alguno más que ahora no recuerdo, mira que tienen imaginación los tios del marketing; Subaru y Land Rover ya buscaban la fórmula de atender las necesidades reales de sus clientes intentando diseñar un vehículo que satisfaciera, tanto el aspecto laboral, como el uso diario o incluso el lúdico.

Evolucionar en función de las necesidades y adaptándose al medio, es básicamente lo que Darwin nos explicó en su libro “El Origen de las Especies” como la teoría de la evolución.

Land Rover partiendo de su fantástica experiencia en el campo del todo terreno y Subaru desde sus inmejorables motores boxer y sus transmisiones 4×4, desarrollaron dos productos que guardan un extraño paralelismo y una evolución sorprendente, para adaptarse a las constantes nuevas demandas de sus muy leales compradores. Porque otra de las cosas que unen tanto a Discovery -Land Rover-, como a Forester -Subaru-, es la fidelidad y sentimiento de pertencer a un grupo diferente de usuarios. Raro es el propietario de uno de estos modelos que no repita, y que además busque en su nueva adquisición los rasgos fundamentales y diferenciadores del modelo, eso si, perfectamente adaptado a las nuevas tecnologías y avances en todos los sentidos, desde motorizaciones a elementos de comfort, pasando por navegadores y todo tipo de sofisticadas ayudas a la conducción.

Así pues, dos coches que nacieron semi-industriales, han llegado al segmento del lujo. Bendito Darwing que ya en su día nos explicó como las especies pueden ir evolucionando para adaptarse al medio y así vencer en su lucha por la supervivencia, y todo, ello sin la necesidad del marketing machacándonos constantemente con nuestras teóricas necesidades y poniendo nombres, cuando menos curiosos, a supuestos nichos de mercado. Si el producto es bueno, crece y se ha de desarrollar adaptándose a la realidad de los usuarios, y no por mucho marketing que nos metan por los ojos, va a ser mejor o más necesario.

Land Rover emprendió el proyecto del Discovery desde su Escocia querida, pretendiendo popularizar su Range Rover, un todo terreno mítico y lujoso, pero de muchísimo éxito. Usando su chasis como punto de partida, se creó un vehículo robusto, austero, en el que las líneas verticales y horizontales dominaban su silueta, y de tan solo 3 puertas para no competir con su hermano el Range Rover; además se le dotó de dos motorizaciones una diésel y otra V8 de gasolina para el mercado americano. Su aceptación fue inmediata, y los granjeros escoceses pudieron por fin tener un todo terreno duro, relativamente cómodo y versátil, cuya peculiar estética fue creando adeptos, poco después fans y ahora ya incondicionales. A esta primera serie se le ha llamado recientemente Serie I, pues en aquel entonces nadie sospechaba que este modelo pudiera desarrollarse como lo ha hecho.

Tras el éxito de ventas, el coche fue adaptándose al mercado, haciéndose más grande y cómodo, eso sí, sin perder sus orígenes de chasis de doble viga, rigidísimo y pesadote, al más puro estilo tractor, pero ganando potencia en su aspecto, ya de por si imponente.

Con la llegada de BMW al grupo Land Rover, la denominada Serie II sufrió su ultimo retoque. Conservando su aspecto exterior, sin apenas modificaciones, se incorporaron al interior numerosas mejoras en cuanto calidad de diseño y percepción de lujo, estábamos en la antesala del lujo y podíamos ya encontrarnos un equipo de sonido Harman-Kardon, o la primera suspensión neumática instalada en un vehículo no industrial, que hacía de la conducción una delicia nunca antes conocida en un todo terreno, pues suprimía los siempre incomodos balanceos de una suspensión concebida para el campo, y por lo tanto de eternos recorridos y su consabido balanceo.

Con Ford llegó la Serie III, o LR3 para los americanos. El coche cambió radicalmente pero no perdió su esencia, ya no era un vehículo semi-industrial pero de uso para todo, ahora, los usuarios pedían más comfort en todos los sentidos. Aun así, se preguntó entre los usuarios como se quería que fuera el nuevo Discovery, y todos contestaron que igual, pero mejor. Dicho y hecho, los ingenieros desarrollaron un nuevo coche, pero sin dejar de vista el antiguo, todo es nuevo, pero todo nos recuerda a sus orígenes.

Con la misma potente imagen, el nuevo Discovery abandonó el chasis de doble viga para incorporar un nuevo chasis autoportante, también se incorporó un nuevo propulsor diésel V6 en sustitución del td5, un motor de origen Land Rover de inyección bomba fantástico y no BMW, como se piensa, además de innumerables mejoras tanto en el interior como en ayudas electrónicas a la conducción, siendo ya las suspensiones independientes en las 4 ruedas y todas ellas neumáticas. Ya nada es espartano y solo funcional, ahora todo es refinamiento y eficiencia, habiendo entrado de lleno en el mercado del Lujo. Con la Serie IV, que es más que nada un paso más para consolidar su presencia en el lujo, el Discovery incorporó un nuevo propulsor V6 diésel de 242 cv, que lejos se han quedado los 130 cv del primer diésel de origen FIAT, además de muchas mejoras estéticas en el interior, redundando en el lujo. Ahora ya es muy complicado para un usuario de Discovery plantearse el salto al Range Rover o Range Rover Sport por mucho V8 que tengan.

La última evolución del Discovery, no ha hecho mas ahondar en el lujo, marcando distancias con sus hermanos mayores, no dejando ningún atisbo de uso industrial y con una estética que poco deja entrever el original diseño.

Se puede decir que el Discovery ha muerto. Viva el Discovery.

Subaru es la empresa de automoción de un gigante japones llamado FUJI Heavy Industries, ahora Subaru Corporation, fabricantes de motores, tiene entre sus creaciones uno de los mitos de la aviación mundial que es el Zero. Sus motores radiales y bóxer son todo un referente mundial y su dureza y fiabilidad llegan a aburrir.

Los Subaru tienen una vida media superior a los 10 años, es decir más del doble que un coche europeo, siendo esta fiabilidad uno elementos que condujeron al éxito de la marca en un mercado tan difícil como el Australiano. Ganarse al público Australiano es un ejercicio de confianza a los que muy pocos se atreven, y más aún si lo que ofreces es un coche para granjeros. Porque el Forester en sus orígenes fue el coche favorito de los granjeros Australianos, nadie se confiaba a otro coche que no fuera ese, su robustez, fiabilidad y durabilidad eran legendarias.

Esta fama de robustez y fiabilidad llegó a oidos de los hombres de las ciudades Australianas, que querían disponer de un vehículo así, pero que su tosca imagen era un handicap en ese mercado, por lo que los Japoneses se inventaron el Outback, con el que tuvieron el mismo éxito que con el Forester con la gente del campo, tanto fue el éxito que Audi, ellos lo negarán por supuesto, copio la idea creando el Allroad.

Como sucedía con los usuarios del Discovery, cuando el viejo Forester se caía a cachos, la gente iba a el concesionario de Subaru a comprar otro Forester, el aspecto descuidado del coche inicial acaba por crear una imagen diferente, es como el patito feo al que coges cariño, pero le pedías algo más de comodidad en su interior y en su forma de conducir, y al igual que en el caso del Land Rover Discovery, Subaru fue prestando oídos a las demandas de sus clientes, y poco a poco el coche fue evolucionando. Hace ya un año se empezó a comercializar la ultima de las versiones del Forester que aun pudiendo reconocer en el al antiguo Forester, estamos delante de una maquina soberbia, con un motor diésel bóxer extraordinario de consumos contenidísimos, prácticamente gasta igual que un FIAT 500, con una elasticidad maravillosa que hace las delicias de todo aquel que lo conduzca. Además, el interior del coche se ha cuidado al máximo y aunque no estemos en un auténtico coche de lujo, sus acabados y calidades son extraordinarias. Todo está pensado para disfrutar del coche, desde el arranque mediante botón hasta la apertura de las puertas que simplemente se hace por proximidad.

En definitiva, dos coches que sin saberlo fueron los orígenes de los SUV y demás denominaciones mercadotécnicas, que tanto nos venden ahora; que llegaron a serlo por adaptación al medio, y que por sus cualidades se han ganado la admiración y el respeto de sus usuarios.

Si Darwin levantara la cabeza diría de ellos que son la prueba de su teoría de la evolución, aplicada al mundo de la automoción.

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